Al terminar El Taller de la filosofía de Jaime Nubiola me quedó una idea muy clara. La cual quisiera poder materializar en mi vida, el filósofo catalán Eugenio d’Ors la expresó así: “Ser a la vez en la propia profesión, filósofo a lo griego y artesano a la moderna, ¡qué difícil idea! ... Difícil, pero insustituible”.
Al fin y al cabo de qué sirve dedicarse a buscar la verdad si no es para compartirla. Muchas veces es el qué dirán lo que nos impide expresar lo que llevamos dentro. Pero al final el conocimiento es para compartirlo y todos tenemos la necesidad de hacerlo, y en realidad lo hacemos de una manera u otra.
La obra de Nubiola nos invita a intentar cada día saber más, con el fin de comunicarlo mejor a los demás. Nos invita a formar comunidades de investigación, a trabajar en grupo, etc. Todo esto con el fin de cada día ir siendo mejores en lo que hacemos y de esta forma podemos ir compartiendo lo que vamos conociendo, ayudando a los demás al mismo tiempo que nos ayudamos a nosotros mismos. Es trabajando en equipo y siempre teniendo como fin a los demás cuando sacamos lo mejor de nosotros. La filosofía debe ser hecha entre todos y para todos.
Después de leer este libro del profesor Nubiola estoy más convencido de la naturaleza pública del pensamiento y del lenguaje. Más convencido en la necesidad de que todos nos apoyemos en todos para ir descubriendo la verdad y es palpable que tenemos menos probabilidades de equivocarnos cuando trabajamos en equipo que cuando lo hacemos solos.
El filósofo venezolano Rafael Tomás Caldera plasmó esta última idea de forma brillante: “Comunicando en la verdad, cada cual- a la vez- sale de sí mismo, se entrega a los demás y, en ese acto de darse, se encuentra a sí mismo”. Es palpable la naturaleza social de la verdad, su dimensión comunicativa, la verdad no es nuestra, es de todos. El camino de la verdad nos lleva en cada nuevo descubrimiento, cada nueva conquista, a la necesidad de compartirlo.
Si la verdad no fuera comunicable el hablar no tendría sentido. Al expresar nuestro punto de vista lo hacemos en términos de verdad y porque sabemos que es verdadero y comunicable. No investigamos por investigar, investigamos porque tenemos la certeza que estamos buscando la verdad. Buscar conocer sin buscar la verdad y buscar la verdad sin buscar comunicarla es un absurdo. Todos llevamos de cierta manera dentro la verdad y queda reflejado en esa búsqueda incesante por esta, a la cual llamamos vida.
Debemos seguir promulgando el diálogo racional. El cual nos demuestra que existe una verdad objetiva y dialogamos con la esperanza de poder alcanzarla. Pero debe ser un diálogo, tal como dice Jaime Nubiola, dedicado a intentar convencer no a vencer. Un dialogo que entienda que no todas las opiniones valen lo mismo, hay unas mejores que otras, pero si un diálogo que entienda que nadie es dueño de la verdad y que entre todos, expresando opiniones basadas en razones y evidencias, podemos llegar a una captación más completa de la verdad.
Como filósofos que somos debemos gritar a los cuatro vientos que la verdad está viva. Que si no lo estuviera lo que hacemos no tendría sentido. Además de estar viva, la verdad nos espera a todos y a cada uno de nosotros, a cada quién de forma distinta, pero espera que todos la vayamos conociendo y aportando ese conocimiento a los demás y al final del día se hará la luz.
El amor a la verdad, a estar en constante búsqueda, a hacerse siempre preguntas, nos ayudará a poder apreciar la realidad como en realidad es. Veremos que la realidad es variada y polifacética. No nos conformaremos con que otros nos den un esquema de cómo es el mundo. Nos daremos cuenta de que la verdad se ha fragmentado en trozos pero es una, caeremos en la cuenta de que es inabarcable para un que un solo osado se atreva a poseerla.
Cada quién debe ir conquistando la verdad de su área y poniendo en común ese conocimiento. La existencia de la verdad hace que tengamos un marco común, pone de manifiesto la natural sociabilidad del ser humano. Porque al final del día tal como dijo Terencio: “Todos somos humanos y nada de lo humano nos es ajeno”, por tanto la verdad no nos es ajena y los seres humanos somos seres que comunicamos lo que nos da plenitud.

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