Soñar con un 2012 mejor. Eso es lo que nos queda después de un 2011 que ha cerrado de forma desastrosa; un año que nos ha dejado tantos problemas y ninguna solución aparente. El Salvador entra a este nuevo año con la cabeza baja y el corazón herido.
Un 2011 que cerró con la designación de un nuevo Ministro de Seguridad, quien debe hacer que El Salvador recupere la esperanza y pierda el miedo al crimen. No importa el color político, cuando hay vidas humanas en juego todos soñamos con que el General tenga éxito. Si se logra reducir la tasa de homicidios, la solución de los otros problemas se verá como algo real: el problema de seguridad es la primera barrera que se debe superar.
En este 2012, soñamos con que nos podamos sentir orgullosos de nuestros diputados y no que sigan siendo las burlas de las redes sociales por llegar a las plenarias bajo efectos de sustancias “desconocidas” o por cobrar viáticos y no ir a los viajes. El 2012 nos ofrece la oportunidad histórica de elegir por primera vez de forma directa a nuestros representantes, es el momento ideal para hacerles saber que a diferencia de cómo creía Luis XIV, el Estado no son ellos y su partido, el Estado somos nosotros. Es el momento de hacerles saber que no seguiremos tolerando los abusos y el despilfarro de recursos públicos, hoy los diputados ya no responderán al partido, responderán a los salvadoreños.
Soñamos con que lo que haya en la Asamblea sea un verdadero debate, donde se escuchen razones no al hígado o al dinero. No podemos seguir permitiendo que nuestros representantes piensen que apoyar a un rival político es siempre un error. Bajo esa óptica es imposible construir un país. Ya lo decía el filósofo Robert Spaemman: “La democracia vive de la fe en la posibilidad de un entendimiento racional”. Soñemos con que nuestros representantes entiendan que no basta con que el partido contrario diga una cosa para que ellos sostengan la contraria, sin siquiera escuchar razones. Al final de todo somos seres humanos y somos capaces de entendernos entre nosotros, aunque algunos se esfuercen por demostrar lo contrario.
Soñamos con que esta sea una época de campaña electoral civilizada, donde se gaste de acuerdo con la situación que vive el país. Soñamos con que los nuevos alcaldes y diputados rompan con el esquema de proponer soluciones populistas y hacer alarde de ellas, en lugar de actuar con visión de futuro y proponer soluciones reales. Soñamos con que la izquierda y la derecha se puedan poner de acuerdo en algo más que en condenar a la Iglesia Católica por derribar un mural, como bien dijo Paolo Lüers.
Soñamos con que el presidente Funes nos dé el ejemplo sobre cómo ser austeros en tiempos de crisis, ya que este año fuimos testigos de un gasto desmedido por parte de Casa Presidencial. Para esto, nuestro mandatario debería por lo menos creerse sus propias campañas, en las que hace alarde sobre como él piensa y siente como la gente…
Soñamos con que finalmente este sea el año en que los corruptos entiendan que el robar más no los hará más y que si supieran las ventajas de ser justos, por simple picardía se harían justos. Soñamos con que este sea el año que nos haga recuperar la fé en los políticos y en las personas, el año que nos muestre que todavía hay ideales y personas por las que vale la pena luchar. El año en que volvamos a creer que no solo el interés económico mueve al mundo, sino que hay algo más. No queda otra que soñar con un El Salvador mejor para creernos que las cosas pueden cambiar, por algo hay que empezar…

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