viernes, 27 de enero de 2012

La perplejidad ante la vida



La vida misma, cuál será su sentido, tendrá sentido planteársela como una aventura en la que esperamos conquistar algo que nos dé plenitud, un objeto que no entendemos del todo pero sabemos que nos trasciende. La otra opción sería que al final de esta vida solo nos encontremos a nosotros mismos, sería un profundo horror, un sin sentido, sería tal como dijo Nietzsche el eterno retorno de lo mismo, la perdida de toda esperanza. Es al final pensar que la vida misma no es más que el camino hacia la muerte.

El afán de cientificismo nos ha condenado a pensar que la realidad se reduce a lo que la ciencia entendida al estilo moderno puede comprobar (lo contrastable). Somos tal como Gaudí le dijo  a Unamuno, Cíclopes que miramos la realidad con un solo ojo, nos estamos perdiendo la parte de la realidad que más llena a los hombres. Ya lo dijo el principito: “Lo esencial es invisible a los ojos”. Las grandes verdades están ahí pero no hemos aprendido a cómo mirarlas.

Esa absolutización de la ciencia es la que nos ha mal acostumbrado a querer una respuesta inmediata para todo, a creer que lo que no se puede comprobar no existe. Nos ha quitado la curiosidad de mirar las cosas de forma distinta a los demás, nos ha llevado a pensar que las preguntas tienen una sola respuesta y un solo método (el científico). Lo que está fuera de ese método es una simple interpretación, la cuál si está envuelta con una cobertura de apariencia rigurosa y científica es tan válida como cualquier otra. La verdad que ha conmovido y ha cambiado la vida de tantos ni siquiera se asoma en este panorama.

Es curioso como muchos tienen a la ciencia por dios, a la razón científica, pero les da miedo que otros piensen. Alardean de su tolerancia pero solo toleran a los que piensan como ellos. Si no piensas y actúas como ellos estás equivocado. Te dicen que no hay verdad sin embargo defienden que su estilo de vida es el verdadero.

De estas contradicciones es de las que debemos huir, no nos podemos creer dueños de la verdad pero si pensar que en nuestra vida poco a poco podemos ir conquistando pequeñas verdades que nos van arrojando luces sobre nuestro destino.

No debemos ser personas que esperan un manual de instrucciones para saber qué pensar y cómo vivir. La vida debe ser tomada con valentía, verla con buena cara, saber que la búsqueda de algo que no trasciende nos hará mejores, aunque no podamos conquistarlo. Más importante nos dará un porqué vivir.

Grandes hombres se han declarado como grandes enamorados de la verdad. Por su afán y por el modo en que hablaron de la verdad, me inclinó a pensar que eran grandes enamorados. Solo el amor hace que no puedas parar de hablar de lo amado. El amor es el único que hace que nuestra vida sea cada día un intento de parecernos más al objeto que amamos. Es el amor a la verdad lo que mueve al mundo. Esto me hace entender el porqué se han cometido los grandes crímenes contra la humanidad y ha sido simplemente por personas que han situado la verdad en el objeto incorrecto y se han enamorado de este.  Al enamorarnos si lo hacemos de un objeto superior a nosotros nos ennoblecemos pero si lo hacemos de un peor nos hacemos mezquinos. Esa ha sido la gran crisis de la humanidad, una crisis de amor, de amar lo que no debemos.

La perdida de la verdad del panorama nos ha hecho conformarnos con pequeños triunfos y experimentos, satisfacciones pasajeras, pero que de ningún modo nos llenan. Vamos pasando por la vida, pero siempre con la inquietud de que podemos llegar a más, sabemos que la respuesta a nuestra duda existencial no es algo empírico pero nos negamos a verlo.

Es por eso que nos emocionamos cuando nos prometen el cielo en la tierra, esas ideologías con pretensiones absolutas que supuestamente nos ofrecen respuestas a nuestras grandes preguntas, las que intentan convencernos de que son los dueños de la verdad. Ese tipo de doctrinas nos ilusionan porque nos hacen pensar que viviendo conforme a ellas nuestra vida tendrá sentido. Lo triste es al final llegar a comprender que son un engaño, pero lo que si queda reflejado es que el hombre es un ser que necesita una verdad para ser feliz, no puede pasar por la vida sin unas convicciones.

La actitud de la vida debe ser de búsqueda, solo de esa manera el hombre actúa de   acuerdo a lo que es. El hombre debe primero reflexionar  sobre quién es y luego buscar lo que le dará sentido a quién es. En ningún caso debe conformarse con conquistar pequeñas verdades en el terreno de lo científico y contrastable. El hombre debe intentar conquistar verdades en el terreno de las cuestiones que lo asustan pero a la vez lo ilusionan, sobre las únicas que le quitan el sueño, es una vida dedicada a la búsqueda de las respuestas a las grandes preguntas una vida que merece la pena ser vivida. Qué orgullo sería poder llegar al final de nuestra vida y poder decir: ¡valió la pena!

Les dejo el corto de Victor Erice que da mucho que pensar sobre la vida. 




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