domingo, 13 de marzo de 2011

"Hijos de nuestro tiempo"


La primera vez que leí la frase de L. Wittgenstein: “Todo lo que puede ser dicho puede ser dicho claramente y de lo que no se puede hablar mejor callar”. Me pareció una frase corriente que poco tenía  que ver conmigo.

Hasta que un día en mi camino hacia la universidad me vino a la mente otra frase de L. Wittgenstein que el profesor Nubiola había  mencionado en clase el día anterior: “No querría con mi libro ahorrarles a otros el pensar, sino, si fuera posible, estimularles a tener pensamientos propios”. Estas otras palabras de Wittgenstein tuvieron un efecto sorprendente en mí, fueron el empuje necesario para que captara la importancia de la primera frase.

He caído en la cuenta de que las palabras de Wittgenstein ilustran perfectamente el mal de nuestro tiempo. La ciencia nos tiene acostumbrados a respuestas  supuestamente “claras” para todos sus temas, que queremos aplicar el método científico a todos los campos del saber para que nos ofrezcan respuestas de este tipo. Incluso en la filosofía exigimos este tipo de respuestas para todas las grandes cuestiones que rodean al ser humano. Todas las soluciones que no sean claras y precisas las rechazamos y las consideramos inventos.

Este ha sido mi gran problema y hasta el día de hoy no era del todo consciente acerca de ello.  Me decidí a estudiar filosofía porque pensé que me ofrecería respuestas claras y precisas para los temas que me interesaban y también tenía certeza de que aprendiendo filosofía, sabría debatir, la cual es una habilidad que siempre me ha interesado adquirir. Pero conforme he ido avanzando me he dado cuenta de que esto no es así: no podemos esperar dar respuestas precisas a los grandes problemas humanos; el hombre es un ser con una riqueza infinita y nuestra mente es demasiado limitada para abarcar toda su grandeza.

Conforme pasa el tiempo me sigo convenciendo de que estoy ante algo que me supera , que si ni algunas de las mentes más brillantes de la historia han logrado dar con soluciones acertadas en la filosofía, qué esperanza tengo yo. En ocasiones me invade una especie de desánimo  porque me pongo a pensar que jamás alcanzaré una conclusión filosófica satisfactoria, pero los temas tienen tanto que ver conmigo que me intrigan a seguir buscando una respuesta.

La ciencia por el hecho de querer ofrecer respuestas precisas ha avanzado por el método de la abstracción, es decir, solo tomando en cuenta algunos elementos y dejando otros fuera, siguiendo la lógica que entre menos elementos mayor certeza. La matemática es una ciencia que se presta perfectamente a la abstracción, porque solo toma en cuenta cantidad y posición, es por eso que es la ciencia a partir de la cual se fundamentan las demás ciencias.

Al analizar cómo funcionan las ciencias podemos llegar a comprender que aplicándole este método al ser humano dejamos fuera lo mas importante de él. En el método científico ni siquiera entra la  noción de “vida”, ya que la ciencia primera  por la que se fundamenta  el método científico solo toma en cuenta cantidad y posición. Si reducimos al hombre a esto nunca seremos capaces de comprenderlo. La ciencia funciona bien en un ámbito reducido y gracias a esto se han hecho muchos avances que nos han hecho tener una confianza casi ilimitada en el progreso científico, pero querer aplicar el método científico a todo es una locura, porque por su misma naturaleza vemos que solo toma en cuenta unos elementos y deja otros fuera por tanto es intrínsecamente contradictorio el aplicárselo a toda la realidad.

En base a estas reflexiones poco a poco he llegado a comprender que los temas  que  según Wittgenstein no se pueden hablar, claramente son los temas más importantes, porque son los que más nos conciernen como seres humanos que somos. Acerca de temas como: el amor, la religión, el perdón, etc.  Jamás podremos obtener respuestas claras y precisas ya que son temas con una riqueza inmensa y en los que cada vez podemos ir más profundo, son los temas que reflejan la grandeza del ser humano y lo poco que sabemos de él.

A nuestro tiempo lo caracteriza el buscar la claridad y  sus hijos  tratan de buscar una explicación científica a todo. Pero hay temas en los que la ciencia jamás podrá ofrecer una respuesta adecuada, porque el hombre es algo más que materia. El buen filosofo debe procurar acercar la filosofía a la sociedad para que se vuelva a captar el papel importante que esta disciplina puede ejercer en la vida de las personas y debe procurar ofrecer respuestas a los temas por los que la sociedad se pregunta.

Debemos superar la condición de hijos de nuestro tiempo y quitarnos esos esquemas mentales que nuestra época nos impone. La única forma de lograr esto es pensando por nosotros mismos. Si no lo hacemos aunque estudiemos filosofía esta nos va a parecer como algo estéril que nada tiene que ver con nosotros, podemos caer en el peligro de identificarnos más con un ordenador que con lo que realmente somos lo cual es un tesoro de riqueza ilimitada que ni nuestra mente ni nuestro lenguaje puede abarcar.


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