lunes, 20 de febrero de 2012

Conocer para dar

Al terminar El Taller de la filosofía de Jaime Nubiola me quedó una idea muy clara. La cual quisiera poder materializar en mi vida, el filósofo catalán Eugenio d’Ors la expresó así: “Ser a la vez en la propia profesión, filósofo a lo griego y artesano a la moderna, ¡qué difícil idea! ... Difícil, pero insustituible”.

Al fin y al cabo de qué sirve dedicarse a buscar la verdad si no es para compartirla. Muchas veces es el qué dirán lo que nos impide  expresar lo que llevamos dentro. Pero al final el conocimiento es para compartirlo y todos tenemos la necesidad de hacerlo, y en realidad lo hacemos de una manera u otra.

La obra de Nubiola nos invita a intentar cada día saber más, con el fin de comunicarlo mejor a los demás. Nos invita a formar comunidades de investigación, a trabajar en grupo, etc. Todo esto con el fin de cada día ir siendo mejores en lo que hacemos y de esta forma podemos ir compartiendo lo que vamos conociendo, ayudando a los demás al mismo tiempo que nos ayudamos a nosotros mismos. Es trabajando en equipo y siempre teniendo como fin a los demás cuando sacamos lo mejor de nosotros. La filosofía debe ser hecha entre todos y para todos.

Después de leer este libro del profesor Nubiola estoy más convencido de la naturaleza pública del pensamiento y del lenguaje. Más convencido en la necesidad de que todos nos apoyemos en todos para ir descubriendo la verdad y es palpable que tenemos menos probabilidades de equivocarnos cuando trabajamos en equipo que cuando lo hacemos solos.

El filósofo venezolano Rafael Tomás Caldera plasmó esta última idea de forma brillante: “Comunicando en la verdad, cada cual- a la vez- sale de sí mismo, se entrega a los demás y, en ese acto de darse, se encuentra a sí mismo”. Es palpable la naturaleza social de la verdad, su dimensión comunicativa, la verdad  no es nuestra, es de todos. El camino de la verdad nos lleva en cada nuevo descubrimiento, cada nueva conquista, a la necesidad de compartirlo. 

Si la verdad no fuera comunicable el hablar no tendría sentido. Al expresar nuestro punto de vista lo hacemos en términos de verdad y porque sabemos que es verdadero y comunicable. No investigamos por investigar, investigamos porque tenemos la certeza que estamos buscando la verdad. Buscar conocer sin buscar la verdad y buscar la verdad sin buscar comunicarla es un absurdo. Todos llevamos  de cierta manera dentro la verdad y queda reflejado en esa búsqueda incesante por esta, a la cual llamamos vida.

Debemos seguir promulgando el diálogo racional. El cual nos demuestra que existe una verdad objetiva y dialogamos con la esperanza de poder alcanzarla. Pero debe ser un diálogo, tal como dice Jaime Nubiola, dedicado a intentar convencer no a vencer. Un dialogo que entienda que no todas las opiniones valen lo mismo, hay unas mejores que otras, pero si un diálogo que entienda que nadie es dueño de la verdad y que entre todos, expresando opiniones basadas en razones y evidencias, podemos llegar a una captación más completa de la verdad.

Como filósofos que somos debemos gritar a los cuatro vientos que la verdad está viva. Que si no lo estuviera lo que hacemos no tendría sentido. Además de estar viva, la verdad nos espera a todos y a cada uno de nosotros, a cada quién de forma distinta, pero espera que todos la vayamos conociendo y aportando ese conocimiento a los demás y al final del día se hará la luz.

El amor a la verdad, a estar en constante búsqueda, a hacerse siempre preguntas, nos ayudará a poder apreciar la realidad como en realidad es. Veremos que la realidad es variada y polifacética. No nos conformaremos con que otros nos den un esquema de cómo es el mundo. Nos daremos cuenta de que la verdad se ha fragmentado en trozos pero es una,  caeremos en la cuenta de que es inabarcable para un que un solo osado se atreva a poseerla.

Cada quién debe ir conquistando la verdad de su área y poniendo en común ese conocimiento. La existencia de la verdad hace que tengamos un marco común, pone de manifiesto la natural sociabilidad del ser humano. Porque al final del día tal como dijo Terencio: “Todos somos humanos y nada de lo humano nos es ajeno”, por tanto la verdad no nos es ajena y los seres humanos somos seres que comunicamos lo que nos da plenitud.




jueves, 9 de febrero de 2012

Escribir es clarificar

Escribir es pensar, clarificar y plasmar. Pasar a limpio lo que tenemos un poco revuelto en nuestra cabeza. La manera de transparentar nuestro pensamiento y hacerlo accesible a los demás. Pero lo primero es lo primero, para escribir hay que tener algo que decir y para tener algo que decir hay que haber pensado y leído sobre algo.

No es cosa fácil, escribir bien no es algo que nos viene dado de forma innata o un fruto del azar. Es el fruto de muchas horas de trabajo en las que poco a poco vamos construyendo nuestra escritura. 

Esa famosa inspiración del escritor de la que tanto se habla, requiere haberle dado muchas vueltas a una cuestión y el haber leído y escrito mucho sobre esta. El famoso periodista polaco Ryszard  Kapuscinski decía que por cada página escrita se necesitan 100 leídas. El secreto de todo gran escritor es la constancia y el esfuerzo, el trabajo del día a día.



Me he llegado a convencer de que detrás de las grandes obras se encuentran muchas horas de trabajo. Pero esto no significa que la inspiración no exista o que no hay personas con más talento para la escritura que otros. Esos momentos mágicos de inspiración, en los cuales damos con la palabra precisa para expresar lo que estábamos pensando, nos pueden llegar y de hecho le llegan a cada uno de manera distinta. La cuestión es no dejarlos pasar, porque puede que no vuelvan esas palabras exactas, para eso siempre debemos estar con la libreta en mano.


Aristóteles decía que “somos lo que hacemos repetidamente. La excelencia, entonces, no es un acto. Es hábito” . De eso se trata, de ir encontrando cada día nuevas formas de expresar mejor lo que vamos conociendo. No podemos esperar convertirnos de un día para otro en excelentes escritores. Como todo lo bueno en la vida, cuesta.

En el caso de la filosofía debemos centrarnos en un tema o autor específico y sumarnos a la gran conversación que es la historia de filosofía. Debemos leer mucho, para no pensar cada día al escribir  una idea que consideramos original que hemos descubierto el fuego, puede que esa idea que hemos plasmado Platón la haya refutado siglos atrás y nosotros no estemos ni enterados.

La escritura es la forma que tiene el filósofo de plasmar su arte. No somos en realidad filósofos hasta que no escribimos. Como no podemos considerar pintor a alguien que no ha pintado nada. Estoy más que convencido que para ser un buen filósofo hay que ser un buen escritor. No es que necesitamos un talento descomunal y un estilo único, pero si necesitamos poder expresar de forma clara nuestras ideas. 

La escritura llega hasta donde la memoria no puede. Tenemos una capacidad de memoria limitada, la escritura es la manera de ir coleccionando nuestras  grandes ideas. Es la forma en la que el conocimiento se ha ido pasando a lo largo de los siglos. Es nuestra gran herramienta, la que nos posibilita dejar un legado. El modo en que podemos inmortalizar nuestras ideas. ¿Qué sabríamos de Kant, Hegel o Descartes sin sus escritos?

La misión del escritor  es lograr a partir de un vocabulario limitado escribir sobre los temas más variados. No deja de sorprenderme el poder de las palabras, como a partir de tan pocas hemos logrado nombrar un numero inimaginable de cosas. El escritor debe procurar dominar este vocabulario e irlo ampliando para nombrar las cosas de forma precisa, de esa manera no cae en la ambigüedad que se da por no nombrar a las cosas por lo que son.

En filosofía muchas veces se cae en la arrogancia intelectual. En escribir nuestros textos de una manera cas inaccesible para los demás, pensando que este debe ser el estilo propio de la filosofía. Incluso muchos se rebuscan para encontrar la forma más complicada para nombrar una cosa, esto lo que hace es ahuyentar al lector. Pero como filósofos del siglo XXI debemos regresar a la filosofía al lugar que nunca debió haber abandonado, a las personas, a la calle, debemos hacer que trascienda el mundo académico. Usando un lenguaje claro, porque al final de todo la filosofía lo que intenta es dar un respuesta clara a las grandes cuestiones para que los demás puedan guiar su vida de una mejor forma, no complicarlas más. Debemos volver a hacer creer a las personas que los problemas que trata la filosofía son también sus problemas.

Al final es imposible fijar una receta fija para escribir bien. Pero no debemos olvidar que escribimos para nuestro público, para que nos entiendan. Nuestro texto debe ser coherente y cada frase debe estar muy bien pensada. No debemos olvidar que nuestro lector no ha pensado en el tema tanto como nosotros, le debemos simplificar la vida. Eso es lo que nos distinguirá como grandes escritores, el poder lograr expresar cuestiones complicadas de una forma clara, dándole nuestro toque personal. Decir mucho en poco. Eso solo estará al alcance de los amantes de la escritura y de los que creen que con su escritura pueden cambiar el mundo. De unos cuantos locos que día a día se van esforzando por expresar de forma simple cuestiones que otros han oscurecido con palabras grandilocuentes.











martes, 7 de febrero de 2012

El camino de la escritura




Empiezas a escribir por una necesidad. Una necesidad de compartir tus sueños, tus anhelos, tus alegrías y tus tristezas. Es la necesidad de materializar en cierto modo lo que llevas dentro.


El camino empieza siendo muy solitario, pero poco a poco te vas dando cuenta de que no estás solo, que tus alegrías y tus tristezas son compartidas por más personas, te sientes de cierta forma mirado y querido. 

Te vas conociendo a ti mismo de una manera que antes ni te la imaginabas. Y cada vez más vas descubriendo que compartiendo tus experiencias buenas y malas puedes ayudar a otros. Te sientes cada vez más como un miembro de la gran familia humana.

El recorrido continúa, empiezas a darte cuenta de que la escritura ha cambiado tu forma de vivir. Antes pensabas que habían problemas que aparentemente no tenían solución, hoy al poner todos tus problemas por escrito, todos parecen manejables. La autora Isak Dinesen lo expresó de manera clara: “Todas las penas pueden soportarse si se escribe una historia acerca de ellas”.

Después de que la escritura te ha hecho entrar en ti para luego salir al mundo sabiendo quién eres, empiezas a pensar en los demás. Tu vida ha cambiado, miras las cosas de forma distinta. Ante cualquier circunstancia, surge la gran pregunta: ¿cómo comunico esto bien?

El estilo y el tema de los escritores regularmente cambian con el paso del tiempo. La mayoría comienzan con un estilo de apariencia rigurosa y académica, escribiendo frases que ni ellos entienden del todo. Luego vienen los grandes escritores, los que escriben frases simples y profundas, los que ponen a cada palabra en el sitio preciso, los que con poco dicen mucho, los que escriben para ser leídos y no para ser reconocidos, los que ven en sus escritos la forma de cambiarse a ellos mismos cambiando al mundo. Pascal lo dijo: “Te escribo una carta corta porque no tengo tiempo de escribirte una larga”. A ser como este tipo de escritores es a lo que debemos aspirar.

Muchos empiezan escribiendo acerca de los grandes temas discutidos en el mundo intelectual, y piensan que tienen derecho a que su opinión sobre cuestiones ya largamente discutidas sea tomada en cuenta, sin haber hecho ningún tipo de merito para ello. En lugar de escribir sobre su propia vida, con la cual pueden aportar algo único a los demás, experiencias sobre las que los demás desean saber. Solo después de mucho tiempo se podrá escribir sobre los grandes temas y por supuesto no todos podrán hacerlo, se requiere mucho estudio.

Rilke plasmó esta última idea de forma preciosa en una de sus cartas al joven poeta: “Rehuya, al principio, formas y temas demasiado corrientes: son los más difíciles. Pues se necesita una fuerza muy grande y muy madura para poder dar de sí algo propio ahí donde existe ya multitud de buenos y, en parte, brillantes legados. Por esto, líbrese de los motivos de índole general. Recurra a los que cada día le ofrece su propia vida. Describa sus tristezas y sus anhelos, sus pensamientos fugaces y su fe en algo bello; y dígalo todo con íntima, callada y humilde sinceridad. Valiéndose, para expresarse, de las cosas que lo rodean. De las imágenes que pueblan sus sueños. Y de todo cuanto vive en el recuerdo”.

El camino de la escritura te dará una vida plena, una vida en la que vas conociéndote mejor a ti mismo para poder dar lo mejor de ti a los demás.

El escribir ha sido la forma en que la humanidad ha ido forjando su historia y poniendo en común sus experiencias para poder ir progresando. Aspiras a que tú puedas aportar algo a la gran historia humana. Así como has encontrado textos de otros autores que has pensado que han sido hechos para ti, tienes la ilusión de que otros encuentren en tus textos eso mismo.

La escritura es una herramienta que bien usada es capaz de lograr grandes cosas. Una herramienta que no podremos dominar del todo, un regalo que nos ha sido dado y el cual debemos usar sabiamente. Ya lo dijo el cantante Carlos Varela: “Una palabra no dice nada y al mismo tiempo lo esconde todo”. Es por eso que vale la pena iniciar este recorrido, no dejará a nadie indiferente y le dará a cada uno distintas respuestas. Será la manera que cada quien tendrá de hacer inteligible un mundo que muchas veces no lo es y ayudar a otros a hacerlo. Por tanto no queda otra cosa que empezar a escribir, este es un regalo que no podemos desaprovechar.